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cuatro: El Salto (o él saltó)

domingo, julio 26, 2009

Ya lo había decidido y no daría pie atrás. Ese puente estaba cargado de una importancia emocional superlativa, pero difusa. Lejanos le parecían esos días en los que cruzaba con su padre hacia el estadio.
Ahora todo era distinto, la tranquilidad del núcleo familiar era cada vez menos propia. Estaba cansado; el intransigente jefe, la insistente ex-esposa que venía a cobrar pensiones, el conserje con los gastos comunes, los tacos de la ciudad, el calentamiento global, el doctor que no detectaba sus múltiples enfermedades. Todo atentaba en contra de su tranquilidad y sus esperanzas estaban centradas en la particular intentona que se acercaba.
Ya lo había decidido y no daría pie atrás -o quizás sí- mirar al río era mirar a un pozo sin fondo, el cuerpo le temblaba y su sangre fluía cada vez más fría.
Una vez más sintió como la caótica enumeración de conflictos cotidianos aprisionaba su cuello y sin volver a pensarlo se precipitó al vacío. Sus pesares afloraron en un grito desgarrador y vio su vida pasar en dirección contraria al cuerpo entregado a la caída.
De pronto se sintió liviano y de un tirón volvió a la vida. El salto en bungee había sido una buena idea; Dicen que Jesús había resucitado al tercer día, él lo había conseguido en apenas unos segundos.

CRÓNICA REFLEXIVA DE UN REGRESO

lunes, julio 06, 2009


CRÓNICA REFLEXIVA DE UN REGRESO

San Antonio, 6 de julio de 2009. Otra vez acá, oficialmente de regreso en la ciudad, los fines de semana no se valen cuando uno apenas alcanza a vivir en cuarenta y ocho horas de paréntesis antes de volver a la capital.
Es raro bajar por El Molo a tomar una micro que esta vez espera por mí y para a mitad de cuadra. Por estos lados son todas de distinto color y hay que contar las chauchas para subirse (nota aparte lo perdedor que me sentí preguntando cuanto valía el pasaje). Una vez sentado, -sí, aquí uno puede hacerlo- me puse a sumar los números y luego a contar para felizmente obtener una letra efe. Ese juego ñoño que todos hemos jugado a veces le achunta. Como es costumbre en el puerto, el timbre no funcionaba, pero igual bajé por atrás y fui mirado como un bicho raro por hacerlo y no darle las gracias al chofer.
Una vez en el centrito comenzaron mis labores burocráticas. Primero al banco número uno a depósitar a una cuenta y girar desde otras, por suerte acá siguen existiendo las personas en toda la extensión de la palabra y un señor me avisó que se me quedaba la TUI. Terminada la primera parte de la faena, al banco número dos a hacer una fila gigante, aunque todo se hace más grato cuando alguien decide no poner videos "graciosos" y mostrar capítulos de Diego y Glot, que por repetidos que sean aún me hacen reír. Mientras esperaba tenía el mismo miedo que muchos que se ven enfrentados a este tipo de trámites - ¿Estará bien la boleta?...Chu... si me equivoco tengo que hacer la cola otra vez - afortunadamente estaba bien y di por finalizada mi empresa.
Ahora de vuelta a casa - ¿micro ($300), coleto($350) o a pata($0)?- respuesta obvia y a caminar por 21 de Mayo. Me resultó triste ver el antiguo edificio de mi colegio, tan triste, mal cuidado y peor aun, amarillo. Sobre el mar también hay cosas que decir, quizás algún país vecino se salió con la suya y se lo robó, o quizás es tan sólo la neblina (algo parecido al smog, para quienes no la conocen).
No me quejo de mi vida capitalina, pero qué bueno es estar en casa. Un poco de vida lenta y pasmosa no le viene mal a nadie de vez en cuando.